El Betis de hoy era un bloque, un equipo, era todo eso que no fueron capaces de lograr los últimos entrenadores que ocuparon el banquillo de Heliópolis hasta que llegó Chaparro. Pero la ilusión, el pundonor y el corazón no son suficientes para ganar a un Sevilla que sin jugar bien e, incluso, llegando a estar arrinconado durante casi toda la segunda parte -tras la expulsión de Alves y Arzu en el minuto 50 tras el 0-2 de Fazio- es capaz de meter dos goles y vivir de las rentas el resto del partido. Se podría decir que los hombres de Jiménez llegaron a sufrir en el segundo tiempo pero, siendo realistas, poco sufrimiento se puede tener cuando la capacidad goleadora del Betis se resume en un nombre propio que hoy no tenía su día: Edu. Y si Edu no tiene su día, apaga y vámonos.
Salieron los de Heliópolis con muchas ganas -nunca le faltaron durante el envite- y mostrando que este derbi no iba a ser el paseo del día de Reyes. Y durante muchos minutos se vio un partido abierto para ambos equipos. Pero llegó Luis Fabiano para explicarle al Betis y a su afición que el corazón no es suficiente para ganar partidos. Tras el gol el Sevilla se fue arriba y, a partir de ahí, comenzó un encuentro trabado -10 tarjetas al final, de las cuales 2 fueron rojas para Arzu y Alves tras tangana- y lleno de faltas y parones en el juego que no benefició a los verdiblancos. Acaba la temporada con un mero trámite ante el Getafe en el que ninguno de los equipos se juega nada.